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4/27/2014

Una adaptación ejemplar para pacificar el idilio entre cine y deporte

Cine y deporte. Las veces que el cine ha intentado aproximarse al ámbito del deporte, la realización ha acabado por comerse el realismo de aquéllos acontecimientos, personajes, instantes y lugares, plagados de leyenda a lo largo de la historia deportiva. Pocos ejemplos se salvan de la crítica más severa en lo que al lazo entre deporte y cine se refiere. Tal vez sea porque las películas sobre deportes concretos están destinadas al público esclavo de esa disciplina o porque los momentos que marcan el mito, es mejor conservarlos en el reposo de la memoria, entre ávidos recuerdos, en vez de maniobrar con ellos entre planos y secuencias. “Rush” es una cinta que revive a la perfección el espíritu del deporte, la leyenda marcada en el asfalto por dos figuras cuya lucha pasó a la historia como una de las más dignas de la Fórmula 1. Ron Howard consigue introducir en el mismo envoltorio, excelentes interpretaciones, una brillante imitación de los años setenta entre tubos de escape y circuitos de alta competición; y una estética, que poco difiere de la real. Pero su logro más importante, es haber desarrollado una cinta que no sólo está destinada al ferviente seguidor, sino al espectador en general.

2/12/2014

Conformismo aderezado de efectos especiales supremos

Una de las reglas de oro del espectador cinematográfico confirma que cuando uno acude a las salas de cine a ver una película y decide pagar por ella, debe tener pleno conocimiento acerca de lo que va a ver y por lo que está pagando. Las reglas muchas veces están para cumplirlas pero otras tantas, para romperlas. “Thor: The Dark World” no es un filme con pretensiones de romper ninguna regla sino más bien de enrocarse en ellas a base de entretenimiento frenético y escandaloso desde el minuto uno, sin rendirse al guion ni a la psicología de los personajes. El resultado, un producto que cumple con las expectativas de la factoría Marvel y su universo de megadestrucción de escenarios por doquier pero que deja con la sensación de poder haber ofrecido algo más de sí y no una mera reiteración de la entrega anterior sobre el Dios nórdico. Una pena que eligiera el camino del conformismo y no del riesgo.