Cine y deporte. Las veces que el
cine ha intentado aproximarse al ámbito del deporte, la realización ha acabado
por comerse el realismo de aquéllos acontecimientos, personajes, instantes y
lugares, plagados de leyenda a lo largo de la historia deportiva. Pocos
ejemplos se salvan de la crítica más severa en lo que al lazo entre deporte y
cine se refiere. Tal vez sea porque las películas sobre deportes concretos
están destinadas al público esclavo de esa disciplina o porque los momentos que
marcan el mito, es mejor conservarlos en el reposo de la memoria, entre ávidos
recuerdos, en vez de maniobrar con ellos entre planos y secuencias. “Rush” es
una cinta que revive a la perfección el espíritu del deporte, la leyenda
marcada en el asfalto por dos figuras cuya lucha pasó a la historia como una de
las más dignas de la Fórmula 1. Ron Howard consigue introducir en el mismo
envoltorio, excelentes interpretaciones, una brillante imitación de los años
setenta entre tubos de escape y circuitos de alta competición; y una estética,
que poco difiere de la real. Pero su logro más importante, es haber
desarrollado una cinta que no sólo está destinada al ferviente seguidor, sino
al espectador en general.
