Un auténtico parpadeo de
emociones. Un balanceo permanente de lo incalculable. La BBC presenta de modo
dispar y no sin correcciones (atendiendo a temporadas anteriores) un tanto
perspicaces y a la vez incomprensibles, la tercera temporada del detective del
211-B de Baker Street. Tres capítulos de un metraje relativamente excesivo confieren
el halo de avidez e inteligencia al famoso investigador y a su acompañante, el
doctor Watson, si bien es cierto, que los gags de un humor por momentos
irreversible y de matices que rozan lo absurdo hacen caer la serie en una
espiral del sinsentido. Parece que la intriga ha claudicado en detrimento de la
risa, sin embargo, la duración (más propia del largometraje) da para arreglarlo
y en los tres capítulos encontraremos de todo y no poco.
