“Dallas Buyers
Club” no es una cinta convencional. En la actualidad el cine bebe, más que
nunca, de sus personajes. Los directores han tardado décadas en caer en la
cuenta de que la diferencia entre productos banales y genialidades reside en la
psicología que transmiten sus personajes a través de las palabras y miradas,
todo aquello que conforma su personalidad, lo que dicen y dejan de decir, lo que
les convierte en definitiva en más humanos que a cualquiera de los
espectadores. Su vida en nuestras manos. Ante nuestros ojos. En el caso que nos
ocupa, el filme se apoya con total y severo acierto en los roles de su reparto
protagonista encabezado por un brillante Jared Leto y un impactante Matthew
McConaughey, quien parece empezar a tomarse en serio esto del cine. Cuando el
compromiso de los actores para con sus personajes es tan perfecto, la comunión
que se alcanza es la de una interpretación pasional, tenaz, abrupta, difícil de
olvidar. Este tipo de rasgos son los que dan sentido al cine. Son su latido
actual.
