“The Mentalist” cierra su sexta
temporada con muchos altibajos. El encanto sagaz y detectivesco de Patrick Jane
ya no infiere aquél aire joven de hace temporadas, en su lugar, se ha
convertido en un juego visual revenido, lleno de artificios que buscan el
despiste y que convienen a arrastrar la imprudencia de cinco años para colmar
los anhelos en una temporada que clausura tramas e inicia otras, para
terminarlas de nuevo. Sin importar los bagajes ni la construcción de los
personajes durante años. Parpadeando entre las hojas de la margarita, la
decisión que afrontar ya no es entre el “me quiere” o “no me quiere” sino más
bien entre “me lo merezco” o “no me lo merezco”.
