El primer proyecto al frente de
la dirección de Ben Stiller, "The Secret Life of Walter Mitty", se salda con un cinta de bella factura visual y
gran calado emotivo a través de una más que aceptable banda sonora, pero deja
innumerables espacios vacíos a su paso por el metraje y una profunda
intermitencia en relación a lo que se pretende contar. Las dos grandes bazas
técnicas de Stiller radican en conceder optimismo a raudales y empatizar con el
espectador alterando lo cotidiano por medio de la pasión y la ensoñación de
vivir aventuras, mientras que la realización deja abierta la pregunta de si era
absolutamente necesario emplear una primera media hora tan plomiza y un final
tan poco sorprendente.
