En la cultura del remake o del
reboot, la fidelidad al patrón original y el respeto por los esquemas tardíos
hacia historias y personajes que alguna vez removieron conciencias y
entretuvieron sin igual, en definitiva, la responsabilidad por un producto que
sin parecerse, sea similar y mejor a su antecesor, es la utopía a la que todo
director aspira. Casos hay muchos y muy diferentes. Si bien, la estética de
Conan el Bárbaro, hacía obligatorio no pensar más allá de Schwarzenegger como
el personaje icónico de aquellas cintas entre espíritu guerrero y aventurero;
la reciente “Total Recall”, demostró cómo un producto puede corromper al
original hasta el punto de ni tan siquiera proponerse la comparación, a sabiendas
de su derrota segura. “Robocop” es uno de los recientes ejemplos de la cultura
del remake, auspiciado por el hambre de las productoras en descubrir el éxito
de franquicias latentes y ya acabadas. Albergando la esperanza de llenar la
taquilla con los dólares que una vez ya llenaron bolsillos. Estamos ante un
filme actual, moderno, de atmósfera correcta, menos subversivo que el de
Verhoeven, más agradecido a su estética futurista y de calado parecido a patrones
de Iron Man.
