Toda saga necesita de un aliento
de respiro para saber hacia dónde quiere encaminarse o aún más importante, cuando detenerse.
“Pirates of the Caribbean: on stranger tides” es el mejor ejemplo de
agotamiento de un relato hiperextendido en el que cualquier escaramuza o trama
nos resulta familiar y en el que el juego de lo imprevisible supera con
facilidad la barrera del tedio para acabar conduciendo al espectador a la más
profunda de las somnolencias.
