El primer proyecto de
Gordon-Levitt tras la cámara y al mismo tiempo delante de ella, apuesta
acertadamente por la mezcla de realismo y acidez en la interpretación de unos
personajes bien enmarcados en un entorno de dibujo reiterado hasta el cansancio
y que obliga a mirar el reloj alguna que otra vez anhelando que la cinta no se
prolongue por mucho más tiempo. Lo que empieza siendo una propuesta convincente
y humorística en la primera media hora, torna en aburrimiento y convencionalismos
para terminar siendo la comedieta romántica de turno deshecha en un final
previsible.
