Zack Snyder lo ha vuelto a hacer.
En 2006 sorprendía a propios y extraños con “300”, un artificio técnico
mezclado con un metraje plagado de efectos especiales, que si bien daba una
patada ciertamente más cruel que su relato a la historia, recordaba el
verdadero propósito del cine: entretener. Sin más. Ahora, con “300: Rise of an
Empire”, ha retornado a la esencia de la originalidad, obviando subtramas
irrelevantes, centrándose en el puro “blockbuster” y alineando en el tiempo las
dos cintas de forma sublime. Aunque con inicio farragoso en su planteamiento,
la misma falta de fidelidad a ciertos detalles históricos y lo desagradable de
teñir la pantalla de sangre en cada pirueta (si bien los responsables se
mantienen impolutos); estamos ante un producto que supone una evolución de su
primera entrega, no engaña, ofrece lo que promete y lo hace en la nada
desdeñable y poco acostumbrada duración de 100 minutos. Se agradece.
